28 enero, 2008

03 diciembre, 2007

Chocheo neuronal

" It is a truth universally ackowledged, that a single man in possession of a good fortune, must be in want of a wife..." y el que ya está casado, por todos es sabido que se vuelve con los años gilipollas perdido.

Ya es oficial, con el paso del tiempo, a medida que la diversión para con la pareja disminuye, a los hombres se les desconectan algunas neuronas y empiezan a chochear -ellos y las neuronas- lo que les conlleva a padecer delirios de grandeza. Y la experiencia me lo dice, con ella empecé a construir esta teoria. AlgunOs es posible que encuetren en ella palabras demasiado duras hacia su sexo, otrAs quizás me den la razón. Lo que piensen, en fin, me la trae al fresco, este escrito pretende ser un desahogo ante todo, y en ningún momento busco congratularme con nadie.

Hoy he recibido una llamada de lo más absurda. Hombre, 63 años, casado, con tres hijos a los cuales conozco y una esposa estupenda. Hacía ya meses que el tipo venía lanzándome indirectas, pero una nunca termina de creerse que alguien como él y teniendo el tipo de relación que tenemos (camarero-clienta), se le ocurra llamarme para decirme que me está tirando los tejos.
El tema ha ido así:

- ¿Hola? -digo yo, mientras mi alumno empieza a preparar las libretas.
- Ho... ho... holaaaaa
- Ah! Hola... ¿Qué pasa? ¿Olvidé pagar el café con leche?
- No, no es eso... -el tipo estaba algo cortado.
- ... -mi alumno se aguanta la risa mientras me ve hacer aspavientos por la habitación.
- Es que... bien... te has ido tan rápido que no me has dado tiempo...
- ¿Para...?
- Quería decirte que como buen viejo verde que soy, te tiro los tejos, aunque no me los devuelvas...
- ...
- ¿Oye? ¡Te oigo mal!
- Y sí, estoy en una clase... Verás, tengo trabajo...
-Bien, hablamos en otro momento.
-Ok, hasta otra...
- Sí... hast...
Colgué.

Y ahora viene la reflexión algo cargada de indignación. Es la segunda vez que me ocurre algo así, y lo bueno es que el tipo en cuestión sabe lo mal que me sentó la primera, así que ¿para qué leches insiste? Porque el chocheo neuronal empezó a hacer estragos. ¿Qué necesidad hay de flirtear con una chica que bien podría ser su hija menor? ¿Qué necesidad tiene de ponerse en ridículo de esta manera sabiendo que no sacará nada de mí, excepto el euro del café con leche? ¡Qué falta de respeto hacia su mujer! El tipo espera a que ella se largue del local para llamarme y decir sandeces, para caer en el ridículo más estrepitoso y para joderme las terdes venideras.

¡Hombres del mundo, envejeced con dignidad! La gente ve lo que simplemente quiere ver, sin darse cuenta que la realidad va mucho más allá que lo que simplemente perciben. Se mueven muchas cosas a nuestro alrededor, hay tantas conexiones, tantas razones... No hay que ser tan unidireccionales...


Con esa llamada lo único que ha conseguido es ridiculizarse, hacerme más patente su chocheo neuronal. Tengo a otro tipo que si bien padece el mismo deterioro cognitivo, al menos no se anda con tantos rodeos como ha hecho este hasta esta tarde. El otro, si quiere follar lo dice y santas pascuas.

- Flaca, decime, ¿para cuando?

Y una sabe a qué atenerse, y hasta es posible consultar la agenda y reservarse unas horas para un argentino delirante, mujeriego y cómo no, algo hablador.

Así que eso es todo, me quedé más tranquila, a pesar que quizás no tenga sentido nada de lo que he dicho, y que no habré llegado a ningún tipo de conclusión científica que demuestre ese chocheo que da la vejez y el matrimonio. ¿Moraleja? Tómate el café con leche en casa...


Aurevoir!

19 noviembre, 2007

Mr. Orgullo


¿Quién el orgullo y quién el prejuicio? A falta de dolores sentimentales propios, nos apropiamos de los ajenos...

Alguien, hará cosa de un mes (o más, desde entonces ya no llevo la cuenta de esos días) alguien me dijo que viviera con intensidad este periodo. ¿Qué periodo? ¡Toda la vida es un nuevo periodo, no me jodan! Así que siguiendo mi principal premisa, decidí hacer oídos sordos al sabio consejo que se me daba. ¡Aquí, la única que atiende a razones es una misma para consigo misma! Y sí, hoy estoy algo dictadora, algo rabiosa... Algo enana coñona, pero todos tenemos nuestro derecho a la rabieta, ¿ah?

Saqué a relucir al sr. Darcy que llevamos todos dentro, y me encaré al mundo con algo de sobervia y orgullo (otros lo llamaran descaro o sinrazón, pero hoy todo eso me da igual, no hagan caso de las malas lenguas).

Hará cosa de una semana me llamó mi antigua profesora de ballet (mujer atractiva, algo pesada y buena, aunque loca donde las haya). Llamaba en buen momento, mi tercera lectura sobre las aventuras y desventuras de la señorita Bennet y el señor Darcy estaba empezando a hacer mella en mí, y algo así como un antiguo estpíritu rebelde perdido estaba empezando a asomar la cabeza. La madame en cuestión me hacía saber que se estaban buscando mujeres de mi talla para representar una obra de ballet en el Petit Liceu. Después de preguntarme la talla (1,50m) y el peso (no más de cuarenta y casi hacia la baja), me dijo que hiciera el favor de ponerme en contacto con la persona encargada del evento.

Bien, si no fuera porque ese espíritu orgulloso, rebelde y algo aventurero empezaba a resurgir de nuevo en mí, seguramente la cosa habría terminado con un "esta mujer lo flipa. Que haga otra el casting, yo ya soy vieja". Pero no, con el empuje que da la inconciencia y el verse (o saberse) algo perdida, me lancé a la aventura. El sábado tomé mi primera clase de ballet en años, aventura que me deparó un gran dolor de músculos. Hoy, dos días después de enfundarme de nuevo el maillot estoy tan hecha polvo que esta mañana amanecí con décimas de fiebre. Pero tal y como bien dice mi queridísimo amigo D***, ahora soy como Rocky, y hay que demostrarle al mundo con quién está tratando.

El hecho en sí, y más aún, para aquellos artistas que estén acostumbrados a pasar pruebas, no tiene mucha importancia, pero para esta vieja gloria de la danza sí. Estoy nerviosa, tengo miedo, llevo días sin pegar ojo y mi nivel de adrenalina está algo a la alza. Estoy cagada. Mañana me lanzaré a la piscina, que sea lo que sea, pero esta vida ya se me hizo algo aburrida... Tengo miedo de no dar la talla, de que mi cuerpo algo oxidado me juegue una mala pasada, de quedarme en blanco, de no ser capaz de demostrar que si bien ahora me cuesta un poco, en otra época fui capaz de ser casi la mejor. Tengo miedo que no se crean que si me lo propongo puedo salir a bailar y dar lo mejor de mí...

El miedo es tal que no puedo más que ir hacia delante, porque llega un momento en que una debe empezar a abandonar actitudes de retaguardia, porque ya me cansé de ayudar a vivir a los demás y no hacer nada por mí. A joderse los que anden perdidos, los que juegan con mi persona sólo porque no saben distraerse consigo mismos...

Coherencia, gente de mundo, coherencia es lo que falta. ¡Eso, un poco de orgullo y algo de empuje!

28 octubre, 2007

París III

22 de octubre
Después de bajarnos en una estación que no tocaba (algo así como Réamour Sébastopol), andamos durante casi media hora hasta que damos con la Rue du Louvre. Ahora necesitamos un café con leche de 3'60 euros para reanimarnos...
Visi queda tan traumatizada con el precio tan excesivo que decide apuntarlo en nuestro diario de viaje.

Primer lugar emblemático que pisamos: el Pont Neuf. Vamos camino de la Cité, primero la Ste. Chapelle, luego Notre-Dame de París.

Visi leyendo el póster informativo a cerca de las vidrieras de la Ste. Chapelle. Ambas no sabemos dónde mirar, a cual más bonita, a pesar que la historia que se cuenta en ellas nos pueda parecer poco creíble...


Tercera visita emblemática. Hace un frío terrible y aún no es ni mediodía. Esperamos que dentro de la Catedral se esté calentito, o al menos eso parece con tanta gente agolpada en sus puertas. Hay, también, mucha emoción.




Saint Michel, camino al Pantheón.




Comida en le jardin du Luxembourg. Bocadillo de cuatro euros. No hay coca-cola, nos conformamos con el agua mineral. Nos impresiona el palacio y los jardines. Todo es tan grande por aquí... La Ciutadella se queda pequeña al lado de todo esto.





Frente la fuente de Maria de Médici. A la chica le contruyeron la casita y los jardines... Alba se conforma con 20 metros cuadrados y con un WC de camping. Las hay sencillas y otras algo caprichosas...




El metro de París tal cual un urinario (olor incluído).




En el puente de no sé qué rey, Alba nos contó el procedimiento de esterilización para entrar en quirófano. El lugar era perfecto...




Subida en "Pont de l'Alma", transbordo en "Franklin D. Roosvelt", salida en "Tuileries". Empiezan las exclamaciones. - ¡Pero qué bien vivían los cabrones! Luego la desilusión de encontrarse el Louvre cerrado. Decidimos que mañana será otro día, y empezará con una visita a la Tour Eiffel a primerísima hora, para seguir andando por los pasillos del gran museo.





Toca hacer el ganso mientras esperamos a que el cansancio (ya presente a lo largo del día) haga que caigamos rendidas en la cama. Hay risas y prisa por colocarse de cualquier modo ante la cámara antes que ésta dispare. Parece que aún te oigo...

24 de octubre
las ocho treinta y bajamos en Trocadéro después de un transbordo agobiante en Miromesnil. La vista nos deja heladas... Bien, eso y el grado bajo cero que nos recibe al salir de la estación. Ahí la tenemos de nuevo, esta vez sin guarda de seguridad antipático que nos impida subir.



Las vistas son preciosas, dentro del disco duro guardo unas cuantas panorámicas de la ciudad en pleno despertar y ajetreo matutino. Lo mejor: celebrar el cumpleaños de la Mamma en la Tour Eiffel. Le canto a medias el cumpleaños feliz y las dos reímos. Esta noche tocará soplar las velas.



Ahí estaba... Y no es tanto como parece.Delacroix en la sala contigua. Me siento de la emoción frente a dos de sus cuadros más magníficos. Mi madre no lo entiende, pero yo debo agradecerle mi sobresaliente en Historia del Arte a este hombre y su "Libertad guiando al pueblo".


Después del bocadillo y la llamada diaria a Barcelona. Les Tuileries con la Place Vendôme detrás.





25 de octubre
Objetivo: Versailles. A pesar del miedo que teníamos de perdernos con tanto transbordo y tanto tren, conseguimos llegar a nuestro destino sin ningun tipo de problema. Versalles se alza majestuoso; la luz es gris y el cielo está más que encapotado.

Durante toda nuestra visita no hicimos otra cosa que decir aquello de:
- Pero què cabrons! La mare del Tanu! Vols dir que calia fer tanta ostentació de poder?
Los turistas catalanes se hacen cruces de cómo se puede llegar a malgastar el dinero en tapices para la pared.





Nos recorremos todas las estancias permitidas, hasta que al cabo de dos horas terminamos el recorrido por el interior del palacio. Salimos al jardín desde las estancias del Delfín, y lo que vemos ya nos deja sin habla. Queda aún por ver tooooooooodo lo demás. Aquí se agradece la extensión, los turistas nos dispersamos y ya no nos molestamos tanto los unos a los otros a la hora de salir en la foto.





La coca-cola casi helada no ayuda mucho, pero el bocadillo nos reconforta. En la otra orilla un grupo de adolescente da de comer a los cisnes, a nuestra espalda quedan los dominios de Maria Antonieta, a nuestra izquiera la mole del palacio nos recuerda que hace tiempo allí se vivió de putísima madre.
Ya vamos algo cansadas, y hace tanto frío que a cada paso que damos parece que se nos clavaran alfileres en los pies, pero el tren que nos lleva hasta el Gran Trianon vale seis euros (ida y vuelta). Acá las agarrás no les dan un céntimo más a estos engreídos. Nos tragamos el dolor y paseamos por los jardines.

Tampoco hemos visto el Petit Trianon ni los jardines del Dominio de Maria Antonieta, eso queda para la próxima vez, cuando haga menos frío y ya esté mentalizada para pagar en cada lugar donde paras. La vuelta se hace algo dura, pero aún y así tenemos ánimos para reírnos de todo lo que estamos viviendo estos días. Ir con la madre de viaje no es tan malo, sobretodo cuando no discutes por casi nada... Cosa que no sucede en el día a día.



26 de octubre

Visi quiere comprar más regalos en las tiendas de la Rue de Rivoli, frente las Tuileries. Debemos esperar una hora a que abran. Nos tomamos un café, visitamos por enésima vez el parque y nos fotografiamos con la maleta de vuelta. En París dejamos a Alba, viviendo un nuevo capítulo bien emocionante de su vida. Por nuestra parte, seguimos nuestra vida en Barcelona, echándola de menos pero deseándole toda la suerte del mundo!